Seguramente, mientras te preparas un café en la cafetera de cápsulas, escuchas música en tu reproductor, utilizas un Smartphone para mantenerte al día con tus amigos y las noticias del mundo a través de las redes sociales, rara vez te ha cruzado por la cabeza pensar como sería tu vida sin estos productos digitales que consideramos normales.

 

Estos y muchos productos más que consumimos son resultado del diseño. El diseño lo observamos, lo consumimos e innovamos continuamente y a pesar de eso, pasa inadvertidamente por muchos porque, es algo que consideramos normal.

Es un hecho que la mayoría de las personas creen que la función del diseño es lograr que los productos y servicios se vean visualmente atractivos, generando una necesidad de consumo inmediata; pero en realidad, eso es sólo una parte de lo que logra el diseño.

Pero las bases principales del diseño son: funcionalidad y estética.

 

Entendamos que la estética es la disciplina que estudia lo bello en el arte y en la naturaleza, y su asimilación por parte de los individuos; funcionalidad es la comodidad y utilidad que beneficie y facilite la vida diaria.

 

Cuando se detecta un problema en la sociedad que puede ser resuelto a través de un producto o servicio, el diseño se utiliza para resolver dicho problema de la forma más práctica e intuitivamente posible.

 

Seguramente si miras a tu alrededor te darás cuenta que hasta lo más mínimo ha sido una intervención gráfica que beneficia tu vida y que adicional también no dejas de mirar.

 

En el medio hay muchas profesionales que aseguran que el diseño no sirve si no es funcional, sin embargo, mucho tiene que ver con el tipo de diseño que se analice.

 

Para todos los diseñadores es básico que estemos en tendencia analizando lo que existe en el mercado; es prudente estar consciente de los cambios que ocurren en cualquiera que sea tu industria y tomarla como una oportunidad de convertirlas en algo nuevo e interesante.